No todo es lo mismo: ACETRA y un límite al caso Santa Fé

El caso denunciado recientemente en Santa Fe obliga a quienes practicamos y valoramos la actividad cinegética a decirlo con claridad: no vale todo.
Hay momentos en los que mirar para otro lado también es tomar una posición.
Lo ocurrido recientemente en Santa Fe, donde se denunció a un cazador por abatir especies protegidas, actuar fuera de temporada, hacerlo en una zona de veda y exceder los límites permitidos, merece una condena firme y clara.
Si los hechos denunciados se acreditan, debe aplicarse una sanción ejemplar. No hay excusas.
Porque quienes trabajamos por una actividad cinegética legal, regulada y responsable somos, precisamente, quienes menos podemos tolerar estas conductas.
La fauna se respeta. La ley también.
No da lo mismo
Durante demasiado tiempo, la discusión pública sobre la caza se presentó como si existieran solamente dos posiciones posibles: estar a favor o estar en contra.
Pero esa simplificación deja afuera la pregunta más importante: ¿cómo se hacen las cosas?
No da lo mismo conocer una especie que disparar sin saber qué tenemos delante.
No da lo mismo respetar una temporada que salir a cazar cuando está prohibido.
No da lo mismo cumplir un cupo que ignorarlo.
No da lo mismo utilizar la munición permitida que una prohibida.
No da lo mismo respetar una zona protegida que ingresar sabiendo que allí no se puede cazar.
Y, sobre todo, no da lo mismo cumplir la ley que violarla.
La actividad cinegética responsable comienza por algo básico: entender que existen límites que deben respetarse.
Un infractor no representa a todos
También tenemos que evitar caer en otro error: un hecho como el denunciado en Santa Fe genera, con razón, la indignación de todos.
Pero la conducta de un infractor no puede utilizarse para describir a todos aquellos que desarrollan una actividad dentro de la ley.
Sería tan injusto como evaluar cualquier actividad únicamente por quienes incumplen sus reglas. Como si un médico que realiza mala praxis representara a los millones que salvan vidas todos los días.
En la actividad cinegética hay miles de personas que hacen las cosas bien. Que conocen las especies, respetan cupos y temporadas y entienden algo importante: sin fauna y sin ambientes saludables no existe futuro posible para la actividad.
Por eso es importante distinguir: al que cumple las reglas, hay que dejarlo trabajar.Al que las rompe, hay que sancionarlo con todo el peso de la ley.
Los valores de la actividad
Para muchísimas personas, la actividad cinegética está vinculada a algo bastante más profundo: una manera de relacionarse con el territorio que se transmite de generación en generación.
Un padre que lleva a su hijo a los humedales le enseña a reconocer una especie. A interpretar el clima. A conocer los tiempos del río. A entender cuándo se puede cazar y cuándo no. A no dejar residuos. A respetar aquello que algún día también será de sus hijos.
Lo mismo sucede con los guías, lancheros y trabajadores rurales que llevan buena parte de sus vidas recorriendo nuestros humedales.
Para ellos, cuidar el ambiente, lejos de ser una consigna, es cuidar el lugar donde viven, donde trabajan y donde esperan que puedan seguir viviendo sus hijos y sus nietos.
Ahí hay un valor que muchas veces desaparece de la discusión pública: el arraigo.
Cuando una familia construye su proyecto de vida alrededor de un territorio, tiene enormes razones para querer que ese territorio siga existiendo y se mantenga saludable.
Tenemos que mirarnos a nosotros mismos
Defender una actividad responsable exige mucho más que solamente responder las críticas que vienen desde afuera: exige ser capaces de señalar lo que está mal adentro.
No podemos pedir que la sociedad distinga entre caza legal y furtiva si nosotros mismos no hacemos esa diferencia con absoluta claridad.
No podemos hablar de respeto por la fauna y después relativizar conductas que la ponen en riesgo.
Y tampoco decir que cualquiera que se autodenomine “influencer de caza” representa los valores de quienes llevan años haciendo las cosas correctamente.
La actividad que queremos
Desde ACETRA creemos en una actividad con reglas claras, controles efectivos y consecuencias para quienes las incumplen.
La ecuación es sencilla: si queremos seguir disfrutando de nuestros ambientes mañana, tenemos que cuidarlos hoy.
El caso denunciado en Santa Fe no representa a quienes desarrollan la actividad con responsabilidad ni a quienes viven del territorio y necesitan que permanezca sano.
Pero sí nos interpela. Nos obliga a ser todavía más claros sobre qué actividad queremos y cuáles son los límites que nunca debemos aceptar que se crucen.
Porque al final, la diferencia es bastante sencilla: la caza responsable respeta la fauna, el territorio y la ley. Quien no respete esas tres cosas, no es parte del futuro de la actividad.









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